martes, 23 de enero de 2018

Un café se enfría en la mesa de la cocina


Últimamente me sobrecogen las noticias que informan de la aparición de cadáveres de personas hallados en sus domicilios días después del fallecimiento. Personas, casi siempre ancianas, que viven solas y se mueren en un accidente casero o de muerte natural, viendo la televisión, dormidas plácidamente en sus camas, en la cocina preparándose un café, acariciando al gato, si lo tienen. He pensado mucho en ese café, en cómo se enfría en la vieja mesa de formica.

lunes, 22 de enero de 2018

Sucedieron las delicadas formas


Y entonces sucedieron
las delicadas formas
de la muerte
como una caricia
que llena de miel
por dentro la casa.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

domingo, 21 de enero de 2018

Permanece en la voz líquida


Sólo en la lámina de agua
en la que todo se ordena;
permanece en la voz líquida
como delicada huella.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018


sábado, 20 de enero de 2018

Lo literario


Dos reflejos: el de la superficie del agua y el del fondo. Ambos mejores que los objetos que reflejan. La literatura nunca es la realidad, compañeros, sino esa lámina de agua que la permite.

viernes, 19 de enero de 2018

San Antón


No tengas prisa. El invierno es necesario. Al sol de enero, a la abrigada, una mantelá con chorizo a la sartén y un trago de vino. Con pan y vino se anda el camino, dice el refrán. Este pan anisado que celebra San Antón. Por San Antón, media hora más de sol. No por la mañana, aún perezoso, pero aumenta la tarde. En San Antón se bendicen los animales: tradición católica que encubre una pagana. Es la primera fiesta que se abre al año después del período de Navidad y en algunos casos adelantaba el carnaval con la mojiganga del rey de los cochinos. Ganas de echar ya el frío, de celebrar la vida. Ahora se bendicen las mascotas, en otros tiempos más rurales era el ganado, del que dependía el sustento de la casa. Se sembraba el calendario de fiestas y en ellas la gente disfrutaba, detenía la penosa labor de los días de cada día y se vestía de domingo. Disfrutaba, reía, comía, bebía. ¡Pastas y dulces de San Antón! Esta mantelá con forma de pan plano que se deja pringar bien del jugo del chorizo asado si la aprietas. No tengas prisa. El invierno se abre ya hacia la luz. Y echarse a la calle, al campo, a buen ritmo, que en las horas de sol hace mejor que en casa. Un trago de buen vino para celebrar que le vemos ya el cabo al invierno. Si te pones de puntillas ves venir desde el sur la primavera, ya llega hasta aquí desde Andalucía pero se detiene querenciosa en Extremadura. Un trozo más de mantelá, ya llega.

jueves, 18 de enero de 2018

Pedro Páramo de Juan Rulfo y noticias de nuestras lecturas


Es mejor entrar por vez primera en Pedro Páramo sin consultar previamente la mucha y profunda bibliografía que existe sobre esta novela de Juan Rulfo (1917-1986) y acudir a ella con posterioridad para cotejar lo previamente interpretado o pensado. Entrar como lector desprevenido para dejar que te cambie desde la primera línea y te vaya situando en un territorio que se va adensando en su significado párrafo a párrafo.

La voz narradora se muestra seca desde el principio, facilitando los datos de la historia con una secuencia medida que atrapa al lector. En efecto, aún no sabemos quién es ese personaje que busca a su padre y lo acompañamos en su entrada en Comala en el calor más intenso de agosto. Todo parece tan seco como el aire: Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Este hijo que viene a buscar a un padre que no conoce para cumplir la última voluntad de su madre: Exígele lo nuestro...

Desde el principio, desde la primera frase, la novela tiene el aire de una tragedia clásica en la que un héroe tiene una misión que le obliga, un destino dado que le lleva a enfrentarse a grandes trabajos sin quizá garantía de éxito. Y acompañamos a este hombre que busca a su padre y que pronto sabe, por boca de un arriero que lo conduce hasta el pueblo, que Pedro Páramo murió hace muchos años pero ya no hay marcha atrás. Entra en Comala en mitad de ese aire ardiente de agosto.

El narrador busca su propia identidad al buscar a su padre. Y nos hace entrar en un mundo que pronto sabremos que está lleno de muerte y del que quizá ni él ni nosotros podamos volver a salir. Esta es la primera marca de la narración: tanto el narrador como los lectores somos ajenos inicialmente al mundo de Comala. Llegamos desde fuera y observamos todo con extrañeza. Ahora bien, quizá no seamos tan ajenos como pensamos. De hecho, quien nos conduce es hijo de alguien de allí, como el mismo arriero. Su padre ha sido definido con el abandono denunciado por la madre y con la frase que se pronuncia como una sentencia:

- ¿Quién es? -volví a preguntar.
- Un rencor vivo -me contestó él.

Queremos saber más de este Pedro Páramo, que es el padre del arriero y del narrador y de otros muchos, que es el dueño de todo pero está ya muerto. Quizá también tenga algo que ver con nosotros mismos y no nos deje indemnes como lectores. De hecho, la narrativa en español quedará marcada para siempre con lo que se nos propone en esta narración breve y cortante.

La lectura de Pedro Páramo nos llevará hasta el jueves 8 de febrero en estas entradas de los jueves, correspondientes al club de lectura.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta encuentra la mejor manera de hincar el diente a Pedro Páramo: por derecho, introduciéndonos en las voces narrativas y en el espacio de la novela. No te puedes perder su entrada.

Gelu regresa con fuerza: nada menos que un índice de la obra, el comentario a la entrada y dos útiles enlaces a vídeos relacionados con Pedro Páramo...

Pancho escribe una magnífica entrada introductoria que me ahorra, en gran medida, la mía: allí encontraréis la labor profesional de Rulfo dedicada a la escritura, noticias sobre los títulos de sus obras y una inmejorable explicación de los primeros párrafos. Para no perdérsela.



En La noche que no paró de llover sigue Luz del Olmo que, en esta entrada, analiza la novela como comunicación de emociones con todo acierto.

Mª Ángeles Merino analiza el personaje de Feli de la novela de Laura Castañón junto a su amiga Austri y llega a unas conclusiones bien acertadas.



Termina Mª Ángeles Merino su crónica del encuentro con Leandro Pérez celebrado el martes 9 de enero en Burgos. Su entrada nos sirve para comprender su faceta de escritor y alguna de las claves de su novela, La sirena de Gibraltar.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

miércoles, 17 de enero de 2018

Como cuando atardece


Después de que se fuera el sol aplaudimos con ganas, agradecidos por el espectáculo que nos había brindado. Arrancó el del balcón, luego el que estaba esperando en el semáforo, aquella de la ventana, el grupo que se había parado en la calle a comentar las noticias, el chico de los recados, la farmacéutica y su mancebo, el portero del hotel, el hortera del comercio, la mujer mayor que había bajado a por un poco de sal y unos ajos. Así, sin más. Como cuando atardece.

martes, 16 de enero de 2018

Vagas huellas


Contemplo vagas huellas,
apenas un puñado de imprecisos
datos desordenados,
objetos esparcidos
encima de la colcha,
las llaves de la casa en el vaciabolsillo
o el dolor del costado,
un botón descosido,
tu lado de la cama.
Quizá
-cabe la duda-
sea verdad
que sigo vivo.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

lunes, 15 de enero de 2018

De guardia permanente


Ante el miedo a ser enterrado vivo, muchos hacían prometer a sus seres más queridos que les cortarían el cuello antes de introducirlos en el ataúd. Se decía que una de las pruebas de santidad era abrir el sepulcro y si el cadáver se encontraba boca abajo o la tapa mostraba signos de arañazo no se continuaba con el proceso por el riesgo de que se hubiera blasfemado. He escuchado estos días que se implantará una pulsera en las muñecas de quienes sean enterrados que emitirán una alerta si el cuerpo recupera signos de vida. El aviso lo recibirían los familiares. Supongo que habrá un porcentaje significativo de avisos a los que no se responda y muchos preferirán contratar una empresa de seguridad para que controle el mecanismo y haya alguien de guardia permanente cuando sean enterrados. 

domingo, 14 de enero de 2018

Un puñadito de días


Algunos días, qué sé yo, unos pocos, un puñadito que hay que atesorar como cuando éramos niños y llevábamos las monedas muy apretadas en las manos -tan chicas- para que no se perdieran. Algunos días te levantas de la cama y antes de pisar la alfombra ya sabes que es una de esas jornadas en las que te sientes ligero, en las que todo parece hecho de infancia. Como aquellos días en los que no había colegio y abrías los ojos y la casa olía al arroz con leche que la madre preparaba en el fogón de la cocina económica. O a chocolate de hacer que comerías con una generosa rebanada de pan blanco del día anterior, del buen pan candeal de canteros, con tanta ansiedad que terminarías con la lengua abrasada. Te levantas así un puñadito de días, como si hubieras dormido de un tirón toda la noche. Y aprietas el puño para no perderlos en los recados de la mañana.

sábado, 13 de enero de 2018

Actitud poética


- Actitud, actitud.
- Ahora se dice mejor postureo.
- Da igual. Yo hablaba de poetas.
- Por eso mismo.

viernes, 12 de enero de 2018

A ver si al fin escampa


De vez en cuando cruzas
una mirada rápida con él,
sobre todo si llueve
y te has quedado en casa
y  no encuentras la forma 
de velar los espejos.

Asomas cada poco
a ver si al fin escampa
pero la previsión
es que llueva sin pausa
durante varios días,
en campos e interiores.

Viejo, ya te conozco.
Esta vez no consigues
morderme sin luchar,
aún no estoy vencido.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018