sábado, 23 de septiembre de 2017

Jugaba el abrevadero a engañarme la vista


Una de las grandes frustraciones de estos tiempos es que, con todos los conocimientos a nuestro alcance como nunca antes ha ocurrido -al menos, en el mundo occidental- la mayor parte de las personas prefieran aquello que manipula su pensamiento. Ahí están las pseudociencias, las creencias más dispares sobre alimentación, construcciones políticas que se justifican en falsedades burdas y utopías infantiles... Entre la razón y la emoción, esta nos puede. Incluso tiene buena prensa, fomentada por quien nos quiere vender un producto o una idea. Solemos elegir la emoción aunque nos manipule, es más cómoda. Sobre todo si nos da la falsa seguridad de pertenecer a un grupo. Actuar como individuo exige un esfuerzo al que la mayoría no quiere someterse.

Hoy me he asomado al pequeño pilón de la fuente de la Francesa. El agua estaba clara y fría y jugaba el abrevadero a engañarme la vista. Qué luz hacia el valle y qué silencio. En la sierra comienza la otoñada -temprana este año-. Bebí del cuenco de mi mano.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Acerolas


Han regresado las acerolas en la segunda mitad de septiembre. Con la constancia de cada año, este fruto humilde y poco comercial ha madurado. Me gusta porque me sabe a infancia y a tiempos en los que el mundo rural entraba en la ciudad y aparecía en las esquinas de las calles, en las plazas de los barrios. Como cada año traigo aquí las acerolas como muestra de que casi siempre lo más auténtico cabe en la palma de la mano. Un puñado de acerolas. Comerlas una a una por la calle.

Pero este año traen una mala noticia. El matrimonio que siempre ha vendido las acerolas en el puesto que me pilla camino de casa no estaba. Digo siempre porque siempre ha sido en mi vida. En su lugar, otro hombre, más joven. Pregunté por aquellas personas, ya mayores, con el susto en el cuerpo.

- Están destrozados. Han perdido casi toda la cosecha y sus acerolos están enfermos por el fuego bacteriano. Hasta hace poco esta región se había visto libre pero ya está matando los árboles sin que podamos hacer nada. Me han cedido el puesto esta temporada. Yo he podido salvar unos cuantos por la forma en la que los podo, pero no sé qué pasará el próximo año. No hay remedio.

La temporada de la acerola es breve -tres semanas, cuatro a lo sumo- y anuncia el otoño o lo anunciaba antes del cambio climático. Acerolas blancas, acerolas rojas. Como la azofaifa, el majoleto y la endrina, todas diferentes, todas humildes, todas con la certeza de cosas que no pueden engañarnos. Pronuncio sus nombres de nuevo: acerola, azofaifa, majoleto, endrina. Qué belleza.

El que come acerola de niño guarda el sabor para toda su vida aunque tarde años en volver a probarlas. Compré tres bolsas, casi como un tesoro, como si fueran las últimas acerolas de los últimos acerolos antiguos.

Acerolas en La Acequia2007201320142015, 2016.




miércoles, 20 de septiembre de 2017

martes, 19 de septiembre de 2017

Inicio de curso



El lunes de la semana pasada comencé mis clases del presente curso. Soy profesor desde hace muchos años -más de treinta- y todos los inicios de curso tienen algo especial. En mi profesión no hay nada mejor que la relación con los alumnos. Aquellos que no opinen lo mismo, a mi juicio, se han equivocado en el trabajo elegido. Por muchos cambios que haya sufrido, la docencia sigue teniendo un alto grado de vocación, aunque no esté nada de moda la palabra e incluso esté mal vista. De hecho, esta vocación me lleva a realizar muchos trabajos no remunerados más allá de mi horario de clase.

La Universidad española sigue abandonada por los políticos y tampoco encuentra su forma de reivindicación desde dentro ni hay un verdadero debate académico sobre el asunto. El ministro Wert dejó su reforma apenas esbozada y desde hace años nos encontramos con un sistema parcheado en el que la legislación antigua se cumple por inercia pero todos sabemos que urge una remodelación y un impulso que saque al sistema universitario español de la deriva en donde se encuentra. En los dos campos que debe cumplir la Universidad: la docencia y la investigación. Lo peor es que ahora ni siquiera está en el horizonte de los próximos meses y es como si hubiera desaparecido la cuestión universitaria para los partidos políticos españoles. Y para la sociedad, lo que es aún más triste.

Por ahora, celebremos este inicio de curso, el inicio de las clases, los pasillos concurridos, las aulas ocupadas, el encuentro con los alumnos, también en las plataformas digitales. En este curso sucederán muchas cosas. Por ejemplo, que Machado volverá a publicar Campos de Castilla o que Juan Ramón Jiménez renovará la poesía española con Diario de un poeta reciencasado. Que no es poco. Yo pienso disfrutarlo, desde luego.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Fábrica


A veces nos empeñamos en que el mar tenga nuestras emociones. Es herencia de la sentimentalidad romántica. Pero no, ahí está el mar, esencia primera y última. Me senté a mirarlo mientras atardecía en la ría Formosa, en Fábrica. El día entero merecía ser recordado -¡Cacela Velha, blanca y sobria como un tesoro de luz!-, pero atardecía y el mar reclama siempre atención plena. Volvían de la playa, más allá de la laguna interior, unos jóvenes con tablas de surf enfundados en sus trajes de neopreno; se cruzaron con dos marineros que salían de pesca en una pequeña barca y dos linternas frontales. El mar se fue haciendo presencia nocturna mientras seguía con la mirada la luz de las dos linternas, luciérnaga vaga y lejana.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Era tu mundo


Era tu mundo infancia sostenida,
tarde lenta de agosto;
por la mano del padre
la tierra del jardín recién regada
de olor a hierbabuena;
el tiempo detenido en una página.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Béjar


Desde el Ventorro Pelayo la ciudad cabalga la loma como si no quisiera mojarse los pies en el Cuerpo de Hombre. Se aúpa para mirar la sierra  y las alturas -la Covatilla, el Calvitero, la Ceja-. Alargada, es aún Castilla pero casi ya Extremadura o ya extremeña y casi castellana. Su pasado fabril y comercial le dio fama: había ricos de Béjar que vivían como dice el refrán pero también obreros que madrugaban y bajaban y subían a diario las cuestas que los llevaban a las fábricas textiles. Béjar es señorita y obrera, orgullosa y sencilla. Y todo se puede resolver bien ante un calderillo. De aquellos tiempos fabriles no queda ya nada: esqueletos de naves industriales en los que resuena el río y una calle mayor vaciada en la que un puñado de comerciantes se empeña en dar color y vida. Debe reinventarse, como buena parte de esta región que se despuebla y para ello no debería mirar muy lejos porque tiene cerca donde agarrarse: el Castañar, su sierra, las callejas y senderos, las peñas. El paisaje y la gente.

Avanza ya la otoñada -apenas ha llovido- y vendrán los calbotes y las nieves y las laderas se cubrirán de gradación de verdes y marrones con rumor de regatos. Ya está llena la sierra de quitameriendas. Y comienzan los frutos de otoño. Béjar cabalga la loma, se recoge hacia el invierno sobre sí misma asombrada de tanta belleza.

martes, 12 de septiembre de 2017

Balcón


Te asomas al balcón y ves la calle
nocturna y silenciosa. Contiene algo
de tristeza agarrada a las fachadas
hasta que pasa un hombre solitario
camino de sus cosas
y un grupo de chavales
que se ríen felices.
Comprendes,
entonces,
que la tristeza
de la calle que miras
era la tuya.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

lunes, 11 de septiembre de 2017

Ni de fantasma sirvo en la vida.


Salgo al pasillo
y digo ¡buh!
y no te asustas
pero sonríes.

Ni de fantasma
sirvo en la vida
pero lo intento
si tú me premias.

No sabes que estoy muerto
y yo no te lo digo.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017


domingo, 10 de septiembre de 2017

Un cardo portugués o la importancia de los matices


Cada vez me gustan menos el ruido y las aglomeraciones de gente: sus gritos de algarabía o la repetición de consignas. No es solo eso. El ruido o ese tipo de gritos me producen malestar físico, que comienza por una sensación extraña en el oído que poco a poco se me hace muy incómoda. Ayer me salí de una cafetería por esa circunstancia. Fui a ella porque la recordaba tranquila, pero me la encontré llena de personas ávidas de contarse el verano y las fiestas de la ciudad, que ya terminan. En España, ya lo sabemos, solemos hablar a gritos en cualquier lugar (hace unos días viajé en el vagón silencioso del AVE y varias personas contestaron llamadas telefónicas contándose el viaje y lo que iban a hacer al llegar). Mi madre, que me acompañaba a tomar café, me advirtió:

- Te haces mayor.

En esos momentos me vuelvo, además, gruñón. Gruño con enfado sordo.

Las manifestaciones públicas que mayor impacto me han ocasionado -en alguna he participado- han sido marchas silenciosas. En ellas nunca he coreado las consignas establecidas. He estado en las que he considerado necesario pero procurando ser yo mismo siempre. Hoy hablamos mucho de la sociedad en la calle pero suele ocurrir que los gritos, en democracia, echan de esa calle a gran parte de la sociedad, la menos visible y a la que hay que prestar más atención porque suelen ser discriminados por eso mismo, porque no gritan. Hay muchas formas de gritar, por otra parte. A veces se grita sin dar voces, solo ocupando el espacio como si no hubiera ninguna otra posibilidad. Ocurre también en las redes sociales, en las que se puede tener la misma sensación a poco que uno saque un tema de actualidad o hable, yo qué sé, de lo mala que es la poesía a la moda, tan facilona y adolescente. Ay de ti si dices cualquier cosa en las redes sociales que no coincida con cualquiera de los dos sectores enfrentados que hay en todo: en cómo se hace una tortilla de patata o en cómo convocar un referéndum. En Cataluña, estos días, se han publicado pasquines contra los llamados equidistantes: no eres de los nuestros, así que eres mi enemigo y te pongo en la diana. Los territorios así se convierten, en poco tiempo, en hostiles para quien no grita. Suele gritarse no solo porque no se razona sino porque no se quiere que el otro razone. Hay quien grita porque no tiene razones y quien grita porque no quiere que el otro las tenga. No es lo mismo: lo segundo es más peligroso porque no nace de la propia ignorancia o soberbia, sino del matonismo. El que grita, el que hace ruido, además, no presta atención  a los matices de un discurso y a mí cada vez me interesan más los matices en las conversaciones, en las puestas de sol, en la mañana fresca de un domingo por la mañana, incluso en la riqueza de significados del subjuntivo o del condicional. He hecho la prueba a veces, si los usas, la mayoría de las personas los traducen inmediatamente por indicativo. Para usar el matiz y para verlo no solo no hay que gritar sino dar espacio y tiempo y ahora andamos con demasiadas urgencias.

Me acuerdo ahora de un cardo de la playa do Barril, en el Algarve portugués. Ya seco, pero mostrando la hermosura de su arquitectura. Me llamó la atención por eso, porque guardaba silencio pero allí estaba, en el límite de la arena de la playa. Me quedé contemplándolo mientras otros se apresuraban, de un lado a otro. Estuve a punto de hablar con él, de contarle mis cosas. Pero aparte de que me hago mayor, a saber qué me hubieran dicho.

sábado, 9 de septiembre de 2017

murió james dean


murió james dean
decía pere gimferrer
en un poema
en el que moríamos
todos

murió joven
y a veces
me pregunto
qué hago por aquí
todavía

la única respuesta
que encuentro
es que he visto al este del edén
y rebelde sin causa

y lo recuerdo
besando a natalie wood
tirados en el suelo,
tan jóvenes ambos,
hace sesenta y dos años
como ahora

alguien tiene que recordar
ciertas
cosas
durante un tiempo

© Pedro Ojeda Escudero, 2017


viernes, 8 de septiembre de 2017

Sucede la naturaleza


Sucede la naturaleza. Como huracán, seísmo, abismo, tierna ola que bate la arena de la cala a nuestros pies. Belleza absoluta. Caja de nogal en la que guardar lo más hermoso que te haya sucedido. Quizá sea eso, que nos das la paz y nos la robas. Qué sobrecogedora sensación de ser pequeño en tus manos, tan creídos de ser tus dueños. Y era eso, nuestra dimensión más exacta.